—Papi, papi, ¿desde aquí se verán las peseidas? Está muy oscuro...

—Se dice perseidas, enano.

—Marta, deja de pinchar a tu hermano. Perseidas, cariño. Se verán bien, porque está oscuro. Es como ver las estrellas. ¿A que desde casa no se ven bien por la noche?

—Uuhhh... nooooo...

—Pues esto es igual. Las estrellas fugaces se ven mejor cuando hay poca luz. Marta, cielo, ayúdame a sacar las sillas para tu hermano y para ti.

—(Refunfuño ininteligible)

—Marta, deja de poner esa cara y ayúdale con la silla, anda. Tu hermano es demasiado pequeño para desplegarla solo.

—Papi, ¿tú crees que mami y los yayos verán bien las peseidas desde casa?

Perseidas, cielo. No creo que mamá y los abuelitos las vean. Mamá está malita, ya lo sabes, y últimamente no tiene fuerzas para nada. Y los abuelitos estarán ocupados cuidando de ella. Además, hay demasiada luz en nuestra calle.

—No deberíamos haberla dejado con los abuelos, papá. Deberíamos estar con ella.

—Ssshhh, Marta. Mamá quería que os trajera hoy aquí, y a los abuelos no les importa quedarse esta noche a cuidar de ella un rato. Ellos también querían que vinierais.

—¿Y podremos pedirle un deseo a las pese... per-sei-das, papi? ¿Como que mami se ponga buena y guapa otra vez y le vuelva a crecer el pelo?

—Claro, Carlos. Pero tienes que ser muy rápido y pedirlo cuando veas las estrellas caer, y no puedes decirle a nadie cuál es tu deseo. De lo contrario, no se cumplirá. Mira, tu hermana ya te ha puesto la silla allí para que te sientes a verlas. Corre y siéntate antes de que empiecen a caer; nosotros iremos enseguida. Tu hermana y yo tenemos que hablar un momentito.

—Papá.

—Dime, Marta.

—Va a ser hoy, ¿verdad? ¿Lo van a hacer los abuelos?

—No sé de qué me hablas, Marta.

—No me trates como a Carlos, papá. No soy una niña pequeña. Sé por qué querían mamá y los abuelos que estuviéramos Carlos y yo fuera de casa hoy.

—Cielo, hemos venido aquí a pedir un deseo, por el bien de mamá. Que deje de sufrir, porque ya no tiene remedio.

—Lo sé, pero... no quiero que ella...

—Es lo mejor para ella, Marta. Es lo mejor para todos, aunque nos cueste mucho. Concéntrate en el cielo, o nuestros deseos no se cumplirán.


Licencia de Creative Commons

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.